11 May

(Artículo publicado por CRISTINA MONGE  en El Periodico de Aragón, 09/05/2015)

“¿Qué hay de nuevo, viejo?”. La frase favorita del conejo de la suerte simboliza y resume la cuestión que va a sobrevolar esta campaña electoral. Si las europeas mostraron los primeros síntomas de cambio, ahora llega el momento de ver hasta dónde alcanza el ciclo iniciado entonces. En la noche del 24 de mayo y los días siguientes podremos al fin diferenciar, con datos reales en la mano, entre la novedad y el espejismo. Para considerar previamente esta cuestión, sin duda fundamental, propongo prestar atención a tres factores: las preocupaciones de la ciudadanía, la naturaleza y funcionamiento de los partidos políticos que se enfrentan en la contienda electoral y la propia campaña electoral como hito comunicativo.

Las preocupaciones de la ciudadanía, según nos cuenta el Centro de Investigaciones Sociológicas, están centradas en dos grandes temas: todo lo referente a la crisis económica con especial atención por el desempleo, por un lado; y el amplio conjunto de elementos que han llevado a cuestionar el sistema de representación política en el que vivimos. En las anteriores elecciones municipales y autonómicas, las inquietudes ciudadanas, según el mismo CIS, giraban en torno a la crisis y sus consecuencias, y en segundo lugar por la clase política. Es decir, cuatro años después, y tras un amplio ciclo de movilizaciones inaugurado en aquella misma campaña por el 15-M, las preocupaciones de las población siguen siendo básicamente las mismas. Esto no significa, no obstante, que vayan a ser los temas centrales de la campaña, como no lo fueron entonces. Como se recuerda en el trabajo publicado recientemente, Las elecciones autonómicas y municipales de 2011 en Aragón vistas desde los diarios, del grupo de investigación Comunicación, Periodismo, Política y Ciudadanía, los asuntos referentes a la crisis económica se situaron en el 2011 a partir del cuarto puesto entre los temas abordados por la campaña; y la referencia a las preocupaciones por la legitimidad del sistema político emergió solo de la mano del 15-M, que pese a nacer en el ecuador de dicha campaña, consiguió irrumpir con fuerza en la misma y ocupar buena parte de las noticias de la campaña.

El segundo gran elemento al que creo se debe estar atento es la naturaleza y dinámica de los partidos políticos que se presentan a esta convocatoria. Los que se estrenan tienen ahora la oportunidad de mostrar a la clara esos elementos de la nueva política que les diferencian del resto. No obstante, algo ha cambiado ya en el panorama político español. El pasado año 2014, algunas formaciones políticas ya celebraron primarias para la elección de candidatos electorales. Hoy, salvo el Partido Popular, prácticamente todos los partidos significativos han abordado el debate de las primarias y, con más o menos timidez, han puesto en marcha procesos en esa línea. Sin embargo, la celebración de primarias por sí misma no significa que se haya entendido el mensaje de renovación en las formaciones políticas, según dejan ver tanto la composición de muchas listas electorales como los gestos de esta larga precampaña. .

Finalmente, quisiera llamar la atención sobre la propia campaña electoral, uno de esos hitos donde los partidos dejan ver cuál es su propia concepción de la ciudadanía y cómo quieren relacionarse con ella. Todo parece apuntar que seguirá los patrones habituales: una agenda y unos actos pensados y diseñados para los medios como destinatarios finales, donde la comunicación tendrá poco que ver con el arte de la persuasión y el convencimiento para quedar constreñida a espacios tasados, fotos preparadas y paneles –que no debates– presididos por cronometradores.

Tampoco el uso y abuso de las redes sociales nos dará muchas alegrías, destinadas como están a reproducir los mismos mensajes que fuera de ellas.

Y es que la ciudadanía sigue considerada, en la comunicación política al uso, como mera receptora de mensajes en forma de slogans. Cuando en el año 2008 Obama obtuvo el triunfo tras una campaña marcada en la implicación de la gente, pensamos que algo cambiaría en la comunicación política y en especial, en las campañas electorales. No acaba de quedar claro. Esta campaña electoral, con todo lo que nos jugamos, sería un buen momento para innovar en comunicación política. Pero para ello, previamente, hay que innovar en modelos de organización política y sobre todo, en la concepción que se tiene de la relación con la ciudadanía y del papel de las instituciones. Es decir, habría que innovar en la forma y en el fondo de la política. Estaremos atentos y no perderemos de vista al conejo de la suerte.